viernes, 30 de marzo de 2012

LA PROFESIÓN MONÁSTICA


En la vida monástica todos los días son decisivos, porque la fidelidad es algo continuo que no tiene fecha de caducidad, pero el momento de la profesión monástica marca un antes y un después en nuestra vida como benedictinas. Se termina la etapa de formación propiamente dicha (aunque nunca estamos formados del todo), para comenzar una fidelidad más pura, una entrega más completa. Si hasta entonces vivimos como esposas de Cristo sin serlo, a partir de la profesión somos plenamente posesión de Cristo.
La fórmula que San Benito nos propone para la profesión monástica es muy sencilla a la vez que emocionante, dice en el capítulo 58: “El que va a ser admitido prometa en el oratorio delante de todos estabilidad, conversión de sus costumbres y obediencia ante Dios (…) de esta promesas redactará un documento (…) y, con sus propias manos, lo pondrá sobre el altar. Una vez depositado, entonará inmediatamente el siguiente verso: Recíbeme según tu promesa y viviré, Señor no defraudes mi esperanza”
La profesión no es solo una entrega a Dios, sino también a la comunidad, “Dios nos ha elegido para este monasterio y yo lo acepto con esta forma de vida, estas hermanas, esta superiora, este clima”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...