martes, 10 de abril de 2012

DIOS ES MÁS GRANDE QUE ELVIS

La vocación a la vida monástica es una gracia que Dios da a quien quiere. Entre la gente que ha seguido a Cristo hay personas de todo tipo, porque lo importante no es lo que has sido hasta ese momento, sino lo que eres a partir de tu encuentro personal con Dios. La historia de la Madre Dolores es de esas que llegan al fondo de nosotros mismos, que nos preguntan y que acusan respuesta reflexiva, honda, hecha práctica. Y es que, como ella misma dice, “Una relación viva y personal con Cristo es necesaria para entender que su presencia es la única cosa verdaderamente real y verdaderamente hermosa en nuestra propia vida”.
Dolores Hart brilló en el cine junto al "rey del rock", pero abandonó repentinamente su exitosa carrera tras conocer al Papa Juan XXIII mientras rodaba en Roma. Hoy es la Madre Superiora de una congregación benedictina.

"Nunca dejé Hollywood porque pensara que fuera un lugar de pecado. Simplemente sentí otra vocación"



Transcurre las mañanas en el silencio, la oración y la contemplación. “Rezar y trabajar”, había escrito san Benito. Por eso, al rayar el alba, ordeña la vaca; y por las tardes, cultiva el campo y cuida las hortalizas. Lo anterior sin descuidar la formación de sus novicias. El canto gregoriano es parte constitutiva de esta abadía femenina de la orden benedictina, cuyas religiosas se despiertan con amor a mitad de cada noche para entonar himnos a Dios. 

La vida de la madre Dolores no siempre fue ésta. Actriz famosa y reconocida en la década de los 50 y de los 60, Dolores Hart compartió escena con los grandes actores de su época como Anthony Quinn, Gary Cooper, Ana Magnani o Elvis Presley. 

De hecho, en la película Loving you fue la primera actriz que besó a Elvis en la pantalla grande. Figuró en carteleras, revistas y anuncios publicitarios. No podía estar en lugares públicos ya que los admiradores hacían lo imposible por arrancarle un autógrafo. 

Al regresar de una gira de promoción de una de sus últimas películas, pide al chofer de su limousine dejarla delante de la abadía Regina Laudis, en Connecticut. Era el 13 de junio de 1963. La súper actriz de la Metro Goldwyn Mayer Dolores Hart dejaba el mundo del espectáculo e iniciaba ese otro mundo más pleno: el del seguimiento del llamado de Dios. 

Claro que suponía un acto de abnegación de sus propios gustos y de muchas otras posibilidades abiertas. Tenía todo lo que podía desear: juventud, belleza, dinero, fama… Pero le faltaba esa paz que sólo se consigue cuando se es fiel a la conciencia. Le costó dejar a su novio, el emprendedor californiano Don Johnson, le costó dejar los foros, el maquillaje, los vestidos, le costó el nuevo anonimato. Le costó esa radicalidad que posiblemente hoy es menos comprendida por muchos creyentes católicos. Pero tenía viva la determinación de hacer la cosa justa, y eso fue lo que hizo: supo poner su corazón en el puesto justo o, por mejor decir, en la persona adecuada: Dios. 

Cuando desde L’Osservatore Romano (18 de julio de 2008) le preguntaron si era feliz, Madre Dolores respondió: “antes de haber cumplido veinte años en el convento, me acordé que trabajar en el cine me daba menos felicidad que la que me esperaba aquí”. 


3 comentarios:

  1. ¡Qué curioso, no lo sabía! Esto demuestra que nada ni nadie es más grande que Dios.

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  2. Qué hermoso!!! Motiva tanto en el Señor leer ejemplos, testimonios e historias tan bellas como esta... Me recuerda a la maravillosa Eva Lavalliere, aunque esta ex actriz y conversa francesa nunca se encerró en el convento hay similitudes entre las dos. Un abrazo a todas las HH. Benedictinas!!!

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  3. Saludos Navideños a todos Los Religiosos Trinitarios

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