jueves, 19 de abril de 2012

GRACIAS SANTO PADRE


Juan Pablo II fue para mí el pastor que me mostró mi vocación y me guió hacia Cristo. Nunca olvidaré sus contundentes palabras en Cuatro Vientos: “Si sientes la llamada de Dios que te dice: ¡Sígueme!, no la acalles”. Pero, Benedicto XVI ha sido sin lugar a dudas mi formador. Recuerdo el día de su elección, yo pensaba que un Papa como Juan Pablo II sería irrepetible, y ahora, siete años después, pienso que Benedicto XVI es único. En estos años su doctrina ha sido principalmente mi alimento, nadie como él sabe hablar de asuntos tan complejos de una manera tan sencilla, nadie hace una teología tan accesible a la que se llega por la puerta de la oración. Cada obra suya ha sido un regalo, cada palabra que he escuchado en sus catequesis, en sus discursos, han sido un encuentro directo con Dios.
Gracias por aceptar  esta dura tarea de ser nuestro pastor ese 19 de abril de 2005, gracias por aceptar cada día el entregarte sin reservas.

Hay especialmente dos libros suyos que me han encantado, uno es Jesús de Nazaret, y el otro la encíclica Spe Salvi que tengo muy subrayada y de la que quiero compartir algunos fragmentos.

La Esperanza

Necesitamos tener esperanzas que día a día nos mantengan en camino. Dios es el fundamento de la esperanza; el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto. Su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza. Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto. Su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es « realmente » vida. 

La Oración


“Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme -cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar-, Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad...; el que reza nunca está totalmente solo”.

El Sufrimiento

Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito (...) Pero Dios está siempre conmigo y me libra de las tribulaciones y las convierte en dulzura, estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo (...) El individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza. El « sí » al amor es fuente de sufrimiento, porque el amor exige siempre nuevas renuncias de mi yo, en las cuales me dejo modelar y herir. En efecto, no puede existir el amor sin esta renuncia también dolorosa para mí. Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo. Pero una vez más surge la pregunta: ¿somos capaces de ello? ¿El otro es tan importante como para que, por él, yo me convierta en una persona que sufre? ¿Es tan importante para mí la verdad como para compensar el sufrimiento? ¿Es tan grande la promesa del amor que justifique el don de mí mismo?

3 comentarios:

  1. Yo siento una gran devoción por el papa Juan Pablo II, creo que es un gran ejemplo a seguir.

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  2. Esas palabras contundentes de Juan Pablo II en Cuatro Vientos, recién las he venido a conocer hace unos meseses... y fueron ellas el detonante de mi vocación perdida, olvidada...; Benedicto XVI dijo otras palabras que unidas a las de Juan Pablo II hicieron un todo que me hizo ponerme en camino:

    Si sientes la llamada de Cristo que te dice Sígueme, no la acallea que Dios no quita nada, de lo que hace la vida grande, bella y libre.

    Estoy en camino, y es un camino en el que me tocará esperar, ser pacientes, tener fe. Un camino que por momentos me llevará a las ganas der renunciar... pero que solamente en El podré llegar a buen término.

    Un abrazo para vosotras y qué bueno teneros en la blogfera!!!!

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  3. Gracias por vuestros comentarios, desde luego que es una gracia poder compartir nuestras experiencias.

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