martes, 29 de mayo de 2012

NO DEJES QUE SE APAGUE NUESTRO AMOR...

La liturgia cristiana está llena de simbolismo y momentos especiales. El domingo, después de las II vísperas de Pentecostés, tuvo lugar uno de ellos, apagamos el cirio pascual, símbolo de la presencia de Cristo entre nosotros. Es un instante de sentimientos contrapuestos: Por una parte, se siente cierta tristeza, después de haber vivido la Pascua tras la preparación de la Cuaresma tenemos la sensación de que este tiempo ha pasado demasiado rápido, no nos ha dado tiempo a profundizar todo lo que queríamos... Por otro lado, experimentamos la alegría porque Cristo desaparece visiblemente de nuestro lado para hacerse presente en los hermanos y en nosotros mismos, a partir de ahora comienza una nueva tarea, Cristo actúa a través de nosotros. 
Ya no necesitamos la llama del cirio, porque ahora será la llama de nuestro amor la que mantendrá la presencia del Señor en el mundo, el humo que se desprende del cirio inunda todo el coro, símbolo del aliento del Espíritu Santo que se ha derramado entre nosotros.
Comienza el tiempo ordinario, pidámosle al Señor que no deje que nunca se apague la llama de nuestro AMOR. 

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