domingo, 10 de junio de 2012

COMULGAR ES... ¡ROZAR A JESÚS!

Esta mañana he leído esta meditación que quiero compartir con vosotros, espero que os ayude a disfrutar de la solemnidad que hoy celebramos.
En estos días de fiesta nos va poniendo en su palabra señales que nos hablan muy bien de lo que es saborear su presencia entre nosotros.Jesús sale en persona para que lo roce la gente y lo quiera su pueblo como el secreto de nuestra felicidad.
Contaba el Beato Manuel González, sevillano de la Pila de San Bartolomé y bautizado junto a su querida Virgen de la Alegría, el obispo de los Sagrarios abandonados, que una vez interrumpió su explicación del catecismo para preguntar a los “golfillos” (en sus cariñosas palabras) por qué había que comulgar, recibir con frecuencia al Señor.
Muchos permanecieron callados, otros dijeron tonterías. Por fin, un gitanillo, con churretes por la cara, dijo: “Porque pa quererlo hay que rosarlo”. Para eso comulgamos, ¡para rozar a Jesús! O mejor dicho, para que Él nos roce a nosotros. Como un día lo rozó, cogiéndolo del manto aquella mujer del Evangelio que pensó discretamente que Jesús no tenía tiempo para ella y tan humilde se conformaba con tocarlo para que la alegría llegara a su vida.





Rozarlo como la mujer pecadora que quiso que su cabellera untada de del perfume más caro (¡cómo estaría de agradecida!) acariciaran los pies del Dios que caminaba en persona por los senderos de este mundo. Para rozarlo como San Juan, tan cerquita un día tras otro de Él y especialmente en la última Cena donde recostó su cabeza sobre su pecho, oyendo cada latido de su Corazón, palpitante de amor por ti y por mí. Rozarlo, como el ladrón arrepentido en la Cruz, acariciando su perdón y su salvación, al entrar en el Cielo en ese “sprintg” final de la salvación. Rozarlo como su Madre, que lo llevó 9 meses en el corazón y después toda una vida de oración, de escucha, de aprender, disfrutar y vivir siempre juntos. Rozar a Dios como tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, para que tú hoy lo sientas cercano, a tu vera, contigo, sabiendo que Él nunca se quita de en medio ni te deja tirado en la cuneta. ¡Eso es la comunión! Y Él con la lima de su Corazón irá raspando tantas meteduras de patas del nuestro, ajustando tantos desórdenes que se nos meten por dentro y no van al compás de su amor, esas cosillas que no acaban de tararear el son que nos pide su entrega.



Y quizás surja la pregunta: “Pero si soy el mismo de siempre después de la Misa”; “si vengo una y otra y otra vez a recibirlo y no termino de cambiar”; “si….”. No lo dejes para mañana, cuando seas más santo o tengas más tiempo libre, o hayas acabado los exámenes o estés más tranquilo, para eso sale, precisamente, para ser el alimento que necesitas y así nunca te rindas, para ser las pilas que nunca se agotan y así le sigas abriendo las puertas de la ilusión. Entonces verás cómo Él hace el milagro de ensanchar para siempre tu vida y tener su arrojo para darnos a los demás. Por eso, en este día especial queremos rozarlo y saber que aquí está el Corazón vivo que late en nuestras Iglesias, en el Sagrario y en cada Misa, para nutrirnos, esperarnos y estar siempre al quite para darlo todo. ¡Atrévete a rozarlo! 





Antonio ROMERO PADILLA, pbro.

1 comentario:

  1. http://pequesypecas.blogspot.com.es/2012/06/premio.html
    En este enlace te he dejado un premio para tu blog. Te he selecionadoporque tu blog me inspira.
    Un abrazo.

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