lunes, 9 de julio de 2012

CONOCER A SAN BENITO II

Seguimos con un fragmento de la vida de San Benito:
"Pero Benito, deseando más sufrir los desprecios del mundo que recibir sus alabanzas, y fatigarse con trabajos por Dios más que verse ensalzado con los favores de esta vida, huyó ocultamente de su nodriza y buscó el retiro de un lugar solitario, llamado Subiaco, distante de la ciudad de Roma unas cuarenta millas."
¿Qué tiene que ver con mi vida?

Huye a la soledad 
La huida de Benito me recuerda que muchas veces, al comienzo de la vida espiritual, hay experiencias maravillosas de la gracia de Dios. Y más de uno se aferra a ellas. Se siente fascinado por la nueva abundancia de vida y busca la admiración de los hombres. Pero, en tal caso, la persona se estanca interiormente. Benito no quiere flotar sobre la ola de la admiración. Huye a la soledad. Aunque nosotros no hemos realizado milagros, ¿cuántas veces nos vanagloriamos, aunque solo sea interiormente, cuando nos dicen que hemos hecho un buen trabajo o que hemos tenido una idea brillante? O cuando tenemos una gracia espiritual y la achacamos a nuestra buena predisposición en vez de ser conscientes de que es un regalo gratuito del Señor. 
La experiencia de Benito es una experiencia por la que antes o después todos tenemos que pasar si queremos crecer y madurar espiritualmente. Aunque no vayamos a una cueva, aunque vivamos rodeados de hermanos, hay un momento en la vida espiritual en el que tenemos que estar solos con Dios y, lo que es peor, a solas con nosotros mismos. 



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