martes, 3 de julio de 2012

RECORDANDO A PABLO DOMINGUEZ...

Un 3 de julio de 1966 nació Pablo Dominguez, un gran sacerdote que seguro que a muchos nos ha marcado. Hoy cumpliría 46 años, pero él ya está gozando de la verdadera vida. Que sus palabras nos hagan reflexionar sobre lo verdaderamente importante...

“¡Lo que en el momento de la muerte tiene importancia, la tiene ahora! En definitiva, ¡sólo Cristo y sólo el Amor es lo importante! Cuando tengáis momentos de turbación, ¡recordadlo!" 

"Dios puede pedirnos, ofrecernos o enviarnos misiones,situaciones,... totalmente inesperadas, en las que no sepamos ni cómo eso será posible. Pero sólo hay algo que nos sostiene: la promesa de Dios y su gracia. Sólo eso, ¡sólo eso! María fue la que confió, la oyente de la Palabra, la que no se fió de sus fuerzas, sino de la fuerza de Dios, nada más. Y sólo así podemos sostenernos, si confiamos en la gracia de Dios, ¡ en la de Dios!" Pablo Domínguez 




La diferencia que hay entre el cielo y el infierno es pequeñísima. Para ilustrarlo, voy a referirles un ejemplo, una pequeña metáfora que contaba Juan Pablo I.

Juan Pablo I, en los poquitos días durante los que fue papa, tuvo una catequesis con los niños y les estuvo explicando lo que era el cielo y lo que era el infierno. Y les contaba que el infierno era como una mesa espectacular, llena de suculentos manjares. Unos platos muy apetitosos; y unos colocados frente a otros. Sólo había una pega: en el infierno, los cubiertos son tan grandes que, por más que se intentan meter en el propio plato, no se puede. Y todo el mundo se desespera: eso es el infierno. Y el cielo es la misma mesa, los mismos platos, las mismas distancias… Sólo hay una diferencia: cada uno coge del plato del de enfrente y le da de comer al de enfrente; y el otro coge tu plato y te da de comer. El cielo es el reino de la entrega y del amor; y el infierno es el reino del egoísmo. En el infierno, todo el mundo mira por sí mismo; y en el cielo, todo el mundo mira por los demás. Esta es la diferencia entre el cielo y el infierno. Por eso, podemos pasar del cielo al infierno en un instante. No hace falta cambiar ni los platos, ni los cubiertos, ni las personas… ¡nada! Solamente, lo que hago con las cosas. ¿Me dedico a entregarme o me dedico a buscarme?

Hoy se trataría de pedir al Señor dar un paso definitivo hacia el cielo. Aunque todavía aquí, en la tierra. Es decir, que no hace falta acelerar el paso. Pero bueno, ¡cuando el Señor quiera! Que llegará. No sé si he hablado aquí de la muerte o no. Lo cierto es que se puede vivir en el cielo aquí en la tierra.

Pablo Domínguez

2 comentarios:

  1. Me encanta el post de hoy y me siento tan niña como tengo que ser en este momento.
    De Pablo, ¿qué decir? los benditos del Señor siguen su obra de evangelización aún desde el cielo.
    Y me ha encantado esta historia de Juan Pablo I sobre el cielo y el infierno. no la conocia, gracias por darmela hoy.
    Un abrazo gigantón.

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  2. Gracias a ti Mento. La figura de Pablo nos ayuda a seguir luchando por el camino de santidad, cada uno desde la vocación a la que ha sido llamado, él nos demostró que se puede ser santo en el siglo XXI.
    Un abrazo.

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