martes, 16 de octubre de 2012

CREO EN DIOS

Creo en Dios Padre todopoderoso. Lo creo y lo vivo. Soy sacerdote, y, por ello, ministro del Señor. Y también, parafraseando a san Agustín, soy cristiano. No estoy por encima de los demás, sino que con ellos comparto la fe y la vida. Y mi fe no se distingue de la suya.
Una vez pregunté a un niño de cinco años dónde estaba él hacía cinco años y medio; y me dijo: «En la tripota de mamá»; y le pregunté: «¿Y hace seis?» No supo contestarme. Le dije: «En la tripota de Dios. Si Dios no te hubiera querido antes, y no hubiera soñado con crearte, tú no estarías aquí».
Puedo decir con mi vida que Dios Padre siempre me ha cuidado. Siempre me ha perdonado los pecados, y siempre me ha acogido. ¡Él es fiel!, y esta verdad de la fe me da fuerzas para vivir el ministerio. La vida y el ministerio me han enseñado mucho; a abajarme, a no querer ser el dueño de mi vida, a dejar a Dios ser Dios. Puedo también decir que, cuando, por unas cosas u otras, he prescindido de Él en mis decisiones, Él se las ha arreglado para que se hiciese su voluntad, siempre mejor que la mía.
Reconozco que todo lo que tengo es suyo: mis padres, la vida, el universo, mis dones particulares, la Iglesia, la comunidad. Creo que me quiere un montón, y así se lo cuento a los demás; a veces, hasta lo siento y me emociona. Este verano, junto con unos jóvenes, haciendo una experiencia de misión, nos veíamos inundados por su amor a nosotros y a las personas con las que tratábamos. No creíamos en Dios, lo sentíamos, lo experimentábamos.
En tres palabras: ¡Dios está vivo!

Javier Igea- sacerdote. Extraido de Alfa y Omega nº 802

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