domingo, 3 de febrero de 2013

NO TENGÁIS MIEDO DE PRESENTAROS COMO PERSONAS CONSAGRADAS

Fragmento de la carta de Mons Juan José Asenjo Pelegrina: 
“En la fiesta de la Presentación y ofrecimiento del Señor al Padre celestial, fiesta del encuentro de Dios con su pueblo, representado por los ancianos Simeón y Ana, os convoco a todos, queridos consagrados, a renovar vuestro ofrecimiento y consagración al Señor que se fraguó el día de vuestra profesión religiosa y que debéis seguir alimentando creciendo cada día en vida interior. La acción y la contemplación no son dos realidades antitéticas sino complementarias. Necesitamos del silencio, de la oración prolongada a los pies del Señor, de la contemplación y la escucha de Aquel que es el supremo valor en nuestra vida, el “Dios siempre mayor”, el único que merece nuestra alabanza, nuestra adoración, nuestro servicio, nuestro seguimiento incondicional y la entrega de nuestra afectividad y de nuestra vida entera. Vuestro encuentro con el Señor, en el que os sentisteis seducidas, conquistadas y ganadas por Él y os decidisteis a seguirle y ofrendarle la vida, se renueva y rejuvenece cada día en la oración, que es al mismo tiempo un verdadero manantial de ardor apostólico. En la Presentación de Jesús en el templo, después de encontrar y contemplar al Señor, Simeón y Ana glorifican a Dios y hablan del Niño a todos los que esperan la salvación de Israel. Quienes hemos recibido la gracia inmensa de ser llamados por el Señor, hemos recibido también la misión de anunciarlo y entregarlo a nuestros hermanos como mensajeros de la salvación y testigos de la esperanza y del amor de Dios. Os lo recordaba el Papa Benedicto XVI en un encuentro con los consagrados de la Diócesis de Roma en el primer año de su pontificado: Desde sus orígenes la vida consagrada se ha caracterizado por su sed de Dios… Que vuestro primer y supremo anhelo sea testimoniar que Dios tiene que ser escuchado y amado con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, antes que cualquier otra persona o cosa. No tengáis miedo de presentaros como personas consagradas, y tratad por todos los medios de manifestar vuestra pertenencia a Cristo, el tesoro escondido por el que habéis dejado todo. Asumid el conocido lema programático de San Benito: No antepongáis absolutamente nada al amor de Cristo’. En la fiesta de su presentación, el Señor se nos muestra como “la luz que ilumina a las naciones”. Que María, la Virgen fiel y madre de los consagrados, nos ayude a todos a ser portadores de luz, luminarias vivientes con nuestras obras, con nuestras vidas, en nuestros empeños pastorales y en nuestras comunidades”.

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