domingo, 26 de mayo de 2013

TESTIMONIO DE SOR TERESITA

En esta jornada Pro Orantibus, Sor Teresita se nos propone como un ejemplo que toda una vida dedicada a la oración:
Nos acercamos al Monasterio de Buenafuente del Sistal, donde desde hace 86 años, Madre Teresita Barajuen permanece como monja contemplativa del la Orden del Cister. Se da la providencia de que el mismo día que nacía en Alemania el papa Benedicto XVI, entraba en el convento la joven Valeriana (al hacer los votos tomó el nombre de la santa de Lisieux), de 19 años, nacida en Foronda, provincia de Álava.
Le hemos pedido a la monja más longeva de España, y que más tiempo lleva en un monasterio de clausura, que ha sido abadesa durante 21 años, su testimonio sobre cómo han sido sus años de vida monástica antes y después del Concilio Vaticano II.
Con verdadera disponibilidad, por saber que era una entrevista para el día “Pro Orantibus”, nos ha respondido a diversas preguntas sobre la vida en clausura, la vida litúrgica y su experiencia personal de Dios.
Ha resaltado repetidas veces que el cambio que más ha valorado y le ha ayudado en su vida de espiritual ha sido el cambio litúrgico y la posibilidad de mayor formación. “El cambio ha sido maravilloso”. Antes del Concilio “no entendían el latín”. Ahora, “la participación en la Eucaristía me es de gran ayuda”.
“Antes del Concilio era escasa la formación, a veces no había siquiera homilía en la Misa. Ahora nos alimentamos a diario de la Palabra de Dios, y de los comentarios. También ha sido muy importante la posibilidad de lectura y de mayor formación. Antes, por pobreza, no teníamos en el Monasterio más que media docena de libros, “La Regla meditada”; “Caminos de oración”; “La vida devota de san Francisco de Sales”… Ahora puedo leer mucho más.” Ahora mismo está leyendo un libro sobre “La divina misericordia” y otro sobre la Madre Teresa de Calcuta, de la que comenta que es una mujer maravillosa. Lee “Alfa y Omega” y la Revista Ecclesia”. “Aunque después de comer, leo algo más sencillo”, comenta M. Teresita.
Nos adentramos en la vida espiritual de esta monja centenaria, que cuenta que al principio dudó de su vocación, porque “pensaba que la vida en el Monasterio era no hacer nada”. Pero consultó y le aseguraron que tenía una vocación muy hermosa, y no dudó más. Bueno, en otro momento, sintió la tentación, pero acudió al sagrario y “se me pasó para siempre”.
A esta altura, me atreví a preguntarle sobre su experiencia más personal de Dios. Y con una gran sencillez nos contó que ella “se mete en el corazón de la Virgen y no sale de ahí”, y de la mano de la Virgen entra en relación con Dios.
Actualmente, cuando se acerca la hora de comulgar, siente mucho sufrimiento, pero después de comulgar siente un abrazo muy íntimo del Señor, comprende que Jesús desea que comulgue, a pesar del sufrimiento que le asalta antes de hacerlo. 
Ante estas afirmaciones, le pregunto: cómo alimenta su espiritualidad, y responde con gran rapidez que con la lectura, la oración continua, sobre todo la oración de súplica por todos. “Cada mañana ruego por los de casa, para que sean visitados por la Virgen.” Sus devociones más personales son su trato con la Virgen María y con San José, “que es el administrador de la casa”.
Madre Teresita es conocida en el mundo entero por su relación con el Papa Benedicto XVI, quien la recibió personalmente en audiencia el día 20 de agosto de 2011, con motivo de su viaje a España para la JMJ. Le hemos preguntado por esta relación con el Papa, y confiesa que lo quiere mucho, que le escribe, lo encomienda a los santos que han sido papas, y le envía ángeles que le ayuden.
Me atreví a preguntarle qué pensaba sobre la renuncia de Benedicto XVI, y sorprendentemente, respondió: “Me parece muy bien. “Si no puede, no puede”. 
Para terminar, le hice dos últimas preguntas: ¿Cómo se encuentra?, y ¿Qué desea decir a los consagrados? A la primera, aseguró que estaba contentísima. “Siempre he estado contenta, aunque haya habido sufrimiento”. Y a la segunda, de manera inclusiva, para todos, dijo: “Que vayan a la Virgen, que ella les enseñará”. “La Virgen tiene para cada uno un consejo”.
Hemos encontrado a una monja de clausura, a punto de cumplir 106 años, que ha vivido los cambios de la Iglesia con total docilidad. Nos ha asegurado que según iba proponiendo la Iglesia, iba aceptado sus consideraciones y enseñanzas. De tal manera que aconseja a todos que seamos para los fieles testimonio de obediencia a lo que nos pide la Iglesia.
Con sincera gratitud, nos despedimos sabiendo que somos acompañados permanentemente por la oración de M. Teresita, que sigue levantándose a las 5 de la mañana y participa en todo los actos litúrgicos de la comunidad.

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