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Mostrando las entradas etiquetadas como PARA REFLEXIONAR

ESTAMOS LLAMADOS POR DIOS CON NOMBRE Y APELLIDO

Amados hermanos en Cristo, Viendo esta catedral llena de obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas de todo el mundo, pienso en las palabras del Salmo de la misa de hoy: «Que las naciones te glorifiquen, oh Señor» (Sal 66). Sí, estamos aquí para alabar al Señor, y lo hacemos reafirmando nuestra voluntad de ser instrumentos suyos, para que alaben a Dios no sólo algunos pueblos, sino todos. Con la misma parresia de Pablo y Bernabé, queremos anunciar el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En este sentido, quisiera reflexionar con ustedes sobre tres aspectos de nuestra vocación: llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro.

VENGA, VOLVAMOS AL SEÑOR

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Caminé, durante mucho tiempo, con el corazón disperso por una parte y por otra. En placeres que no me satisficieron, puse mi deseo de felicidad en relaciones que no me dejaron crecer. Acumulé heridas y decepciones. Esta es la hora de volver al Señor. Esta es la hora de aprender de Él el camino para una vida más plena, más feliz. Quiero volver a ti, Dios de amor. Quiero de nuevo darte espacio en mi vida Quiero recuperar de nuevo tus palabras de sabiduría y de esperanza. Quiero que mis días estén de nuevo llenos de luz.  Editorial CCS

PONTE EN CONTACTO CON ÉL...

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DIARIO DE MARÍA

Hijo, perdona hoy a tu madre que no sabe decirte nada, que no sabe orar, que no sabe ni estar contigo, que únicamente conoce este pobre oficio de estar cansada y decirte: Hijo, hijo, hijo... ¿Quizá te he desilusionado esta tarde? Me hubiera gustado haberte defendido mejor, haber sabido. Pero, allí, a tus pies, ¿qué podía ofrecerte sino mi esfuerzo por contener las lágrimas? Tú estabas muriendo y yo seguía viva. Ah, y hubiera necesitado gritar al ver tu sangre —¡la mía!— resbalar carne abajo hasta los pies, y luego gotear sonando silenciosa en el silencio de la tarde. Si al menos hubieras vuelto con frecuencia n hacia mí tus ojos... Pero entendí que no debías preocuparte entonces de tu madre. Estabas redimiendo. ¿Qué derecho tenían mis sentimientos a robarles un minuto a nuestros hijos, los hombres? Sí, hasta entendí que cuando te dirigiste hacia mí fuese para hablarme de ellos. De ellos... cuando eras tú quien moría, cuando mi corazón sólo tenía tiempo para estar en ti.

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

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Hoy, domingo de la Divina Misericordia, quiero compartir una preciosa oración que aparece en el Diario de Santa Faustina Kowalska, además de tener un recuerdo para el beato Juan Pablo II que instauró esta fiesta y en sus primeras vísperas partió para la casa del Padre. Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tú eres mi puerto, Tú eres mi paz, Tú eres mi única salvación. Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas. Tú eres el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida. Tú eres todo para el alma solitaria. Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada. Tú conoces nuestras debilidades y, como un buen médico, consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos como un buen experto.