miércoles, 10 de julio de 2013

CON EL CORAZÓN AGRADECIDO

Al terminar etapas, o ciclos, o cursos, como que parece natural el echar la vista atrás y pensar: ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha sido todo?
¿Se cumplieron mis expectativas? ¿En qué he acertado, y en qué he podido equivocarme?… Es necesario que nuestras miradas atrás no se conviertan en una evaluación de objetivos puramente formal. Aunque haya muchas cosas pequeñas que revisar, lo más importante es valorar las cosas que, en mi vida, van suponiendo la entrada de la humanidad a borbotones (la propia y la ajena). Y, mucho antes de evaluar o planificar, previo a todo análisis riguroso, es justo dar un tiempo al agradecimiento.
En este contexto, puedo dedicar un tiempo a ir recorriendo los nombres, los rostros, las historias que se han ido cruzando con la mía en el curso que termina. Y, ante todo, le doy gracias a Dios: por lo que han aportado, por lo que han enseñado, por lo compartido, por lo buscado, por lo encontrado y lo que aún sigue pendiente; por los sueños y por las presencias; por las palabras dichas y los silencios acompañados; por los nombres de mi vida y sus historias. Y siento que en mi descanso también esas historias reposan conmigo.

Fuente: http://www.pastoralsj.org/

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